   ¡Qué higiénico resulta el té Houlong,
mezclado con un poco de gin-seng,
cuando es del puro que recibe Weng
el mercader de efectos de Hong-Kong!

   Comprendo que no teman a un Armstrong
los chinos de Tsung-Hái y de Tái-Yuéng,
de Kwansi, de Ning-Kiang y de Chung-Tiéng,
de Ning-Pó, de Nankín y de Souchóng.

   Bebido el té, me pongo el Smocking;
y fumando mi pipa de Kwantúng,
me paso un rato en el Skáting-Ríng.

   Vuelvo a casa: reposo la Zeitúng;
y después de saber que aún vive el King,
pido el sueño a otra taza de Yuén-Súng.