   ¡Dame, Señor, la firme voluntad
compañera y sostén de la virtud;
la que sabe en el golfo hallar quietud
y en medio de las sombras claridad;

   la que trueca en tesón la veleidad
y el ocio en perenal solicitud,
y las ásperas fiebres en salud,
y los torpes engaños en verdad!

   Y así conseguirá mi corazón
que los favores que a tu amor debí
te ofrezcan algún fruto en galardón...

   y aun Tú, Señor, conseguirás así
que no llegue a romper mi confusión
la imagen tuya que pusiste en mí.