   Tú nos diste la luz, nos diste el viento,
la cumbre secular, y el océano;
con tu gigante y poderosa mano,
hiciste al mundo del mortal asiento.

   Tú nos diste el amor y el sentimiento
y el genio de las artes soberano;
tú bajaste a la tierra, como hermano
de a criatura que te alzó el tormento.

   Tú diste al hombre del saber la palma;
la fe que alumbra; la razón que advierte;
la religión que los pesares calma;

   ¡y grande, santo, generoso y fuerte,
te diste Tú, como manjar del alma,
al mundo infame que te dio la muerte.