   Mueran De Italia en el jardín riente
del déspota opresor los escuadrones,
y alce la libertad rojos pendones
del Apenino en la nevada frente;

   desgarre el mar su vuelo transparente;
muera el mundo en su lecho de ilusiones;
nada me importa a mí, que en dulces sones
anhelo saludarte blandamente.

   Que en este charco mísero y profundo
que cruza el alma orlada de dolores,
la amistad es del bien árbol fecundo.

   Deja, pues, que siguiendo sus fulgores
desprecie las borrascas de este mundo,
y a ti dedique mis marchitas flores.