   En vano con tus bárbaros desdenes
piensas herir mi corazón de fuego:
el frenesí con que te adoro ciego
tus iras trueca en regalados bienes.

   En vano por mi amor me reconvienes
y el rostro vuelves a mi estéril ruego;
y cuando acaso a tu presencia llego
coronas, cruel, de mi rival las sienes.

   Cuando Efigenia sin temor veía
el paternal cuchillo enarbolado
como un favor la muerte recibía.

   Y yo, sintiendo el golpe inesperado
como viene de ti, gacela mía,
beso el puñal y expiro resignado.