   He aquí un modelo de aprendiz de cura;
rapaz, astuto, hipócrita, taimado,
en el templo es humilde y resignado,
en la calle perversa criatura.

   No hay vela que con él esté segura,
burla de los cepillos el candado,
y en cuanto pilla al sacris descuidado
las vinajeras insolente apura.

   En los conventos suele hacer carrera,
mas ¡ay! en las parroquias no da un paso,
y sólo un triste porvenir le espera.

   Pues suele acontecerle algún fracaso
con cualquier tenientillo calavera...
como el de San Ginés... pongo por caso.