   En otros tiempos era, cuando en la tarde gualda
y oro y zafiro toda, por medio a la pradera
pasara, en su pupila dormida la Quimera
con sus manitas locas tejiendo una guirnalda.

   de blancos azahares. Mis viejos limoneros,
ya las desilusiones amarillean el verde
y se cansa el camino serpentón, y se pierde
vanamente buscándola por todos los potreros.

   Fue un ave y -una tarde- cuando en el campo había
la sombra de las alas de la Melancolía,
llenaron las tristeza de su adiós, los senderos.

   Lloraron los bambúes imposibles quereres:
no ha vuelto la hermanita de los atardeceres
y aún en vano esperamos, mis viejos limoneros.

   Todo habla de la dulce leyenda de otros días;
tiende la amada noche sus sombras; ya no hay trinos
y, en tanto, las siluetas de todos los caminos
piérdense en las brumosas y tristes lejanías.

   Y así, bajo las alas del crepúsculo yerto,
interrogáis los viejos horizontes lejanos;
y, esperándola a ella, quedáis sobre los llanos
como otras pensativas esfinges del Desierto.

   ¡Oh viejos limoneros de mi dicha testigos,
con vosotros, que fuisteis sus mejores amigos,
que bien en estas dulces soledades me hallo,

   mientras que va cayendo la noche en los potreros
y mientras que en las sombras se ocultan los senderos
donde se escucha el lento pacer de mi caballo.