   Toma el último fruto, el más querido
por el último ser, que todo rueda;
y es muy hondo el rescoldo que nos queda
del bien que pudo ser y nunca ha sido.

   Se va el tren y nos deja. Algo perdido
para siempre va en él, y lo que hoy veda
sin prejuicio, mañana tal vez pueda
rencores dar hasta el ayer vivido.

   Toma el último tren, que ya está en marcha,
porque tiene el vivir fríos y escarcha
que tornan el espíritu cobarde;

   y porque si la carne se resiste,
llegan al alma, intensamente triste,
más ansias de volver, cuando ya es tarde.