   Qué bueno estar aquí, siempre a tu lado,
en un estrecho abrazo confundidos,
sintiendo de tu sangre los latidos
junto a mi corazón enamorado.

   Gustar la gloria de tu cuerpo amado,
al temblor de tus senos oprimidos,
y tenerte con todos los sentidos
en inmortal amor, nunca gozado.

   Morder el fruto de tus labios rojos;
irme hundiendo en las sombras de tus ojos;
ver cual te vas quedando exangüe y yerta;

   ir bebiendo tu vida, gota a gota;
y al quebrarse del vals la última nota,
de ese abrazo de amor, dejarte muerta.