   Juntos por un camino, hasta donde él acabe,
sin saber de la mano que entre las sombras hiere,
y en la pena infinita de la tarde que muere,
entre el hondo silencio de las cosas ¡tan grave!,

   ir contigo al Calvario con tu cruz y mi cruz,
las dos cruces sacadas yo no sé de qué fondo,
y sentirte muy mía, muy adentro, en lo hondo,
hecha sangre en mi sangre, y en mi alma hecha luz.

   Y sentirte muy mía, para nunca perderte,
y arrancarte a los hombres y arrancarte a la muerte,
y arrancarte al destino que es bestial y que es rudo;

   y tenerte a mi vera para toda la vida,
y si inútil o muerto me dejase la herida,
sino sirvo de espada, ¡que te sirva de escudo!