   Es la sombra en los campos tristemente dormidos
sobre el vientre fecundo de la tierra callada...
Sangran vida los cortes de los troncos, heridos
por el hacha del Hombre... Ya es la noche cerrada.

   Una luz la Tiniebla nos enseña de lejos;
los cocuyos fugaces prenden lumbre a sus ojos,
y hay nidos en las ramas de los árboles viejos
y ensueños en el alma de los rudos abrojos.

   El Silencio ha tendido sus escalas, sombrío
sobre el alma infinita de las cosas... El río
quedamente sus líricas espumas deshilvana...

   Median brotes secretos en el Germen gigante,
pero... bajo la calma de la noche inquietante
Naturaleza grita su canción extrahumana.