   De nuevo amor, bajo sus negras cejas,
me mira de tal modo, que mi alma
destroza, y con sus dulces llamamientos,
por todos los medios de atraerme trata

   a las redes de Cipris tan temibles.
Tiemblo al verle cercano; horror me causa
cual un raudo corcel que en la carrera
el premio obtuvo, y tiembla y se amilana

   cuando inútil y viejo, le es forzoso
recibir los arreos y las galas,
y entrar en lid y en el raudo tiro

   con el caballo ardiente que piafa,
la rienda suelta; cuando ya conoce
que al fin la fuerza y el vigor le falta.