   ¿Quién, artista sublime, conmovido
no se sintiera al escuchar tu acento?
Evocaste a Colón, y al pensamiento
de tu mente, Colón ha respondido.

   De Gloucester el pecho endurecido,
ajeno a todo humano sentimiento,
del desgraciado Tom el sufrimiento
¿quién como tú jamás ha comprendido?

   ¡Gloria a tu nombre!... La radiante llama
del genio creador brilla en tu frente;
te admira el alma, a tu poder sujeta:

   Y al par del pueblo que feliz te aclama,
grito, cediendo a mi entusiasmo ardiente:
¡Lauro eterno al actor! ¡Lauro al poeta!