   Codicia el vulgo, de brillar sediento,
el mundano poder y la riqueza,
dones que desparecen con presteza
cual niebla leve que arrebata el viento.

   De la santa virtud y del talento,
que al hombre ofrecen perennal grandeza,
el noble, el sabio a la suprema alteza
aspiran sólo, con sublime aliento.

   Así, tú, caro amigo, que comprendes
cuán vanas son las dichas mundanales,
en la llama del bien tu pecho enciendes:

   Y del genio en las alas celestiales
al templo augusto del saber asciendes,
alcanzando laureles inmortales.