   Por tierra extraña con el alma rota,
la noche cae sobre mi marcha incierta;
a tu tienda me acojo, abres la puerta
y abrigo das al que la suerte azota.

   Presintiendo el dolor de mi derrota,
sobre la herida de mi pecho abierta,
derrama tu piedad con mano experta
bálsamo de consuelo gota a gota.

   Bajo la protección de tu cariño,
dormido quedo en tu amorosa estancia.
Y sueño que otra vez yo soy un niño;

   y que tú eres aquella que en mi infancia,
ungía, maternal, mi faz de armiño,
con besos de purísima fragancia.