   A gozar nuestra edad aun nos convida,
aun no circula en nuestras venas hielo;
¡ríamos, pues...! doremos nuestro duelo,
con la sonrisa del amor querida.

   Ven a mí, ven a mí; conmigo olvida;
buscando las pasiones por consuelo,
lancemos nuestro débil barquichuelo
al mar alborozado de la vida.

   Tú, ríes, como yo; tras los placeres
corres, cual yo, con ciego desvarío,
y sin amar estás fingiendo amores...

   ¡Infelice! cual yo, cubrir tú quieres
el corazón, que es ya cadáver frío,
con la mortaja de olorosas flores.