   Son las tres ¡y yo velo!... me domina
un pensamiento que con rudo empeño
aleja de mis párpados el sueño;
¡pensamiento tenaz que me fascina!

   Flota tras él tu imagen peregrina
y desarruga mi enarcado ceño,
con ese sonreír tan halagüeño,
que tu semblante pálido ilumina.

   Huye el sueño de mí, y huye el reposo;
me asaltan mil ideas, mil quimeras,
que suelta amor en giro caprichoso;

   y voces celestiales y hechiceras
dícenme que sería muy dichoso,
si que fuese dichoso tú quisieras.