   Enlutada de pies a la cabeza,
estando siempre de llorar a punto
y recordando siempre a su difunto,
sumida vive en la mayor tristeza.

   Por frecuentar los templos ella empieza
fijando su atención sólo en un punto;
para encontrar un marital conjunto
de día y noche a Santa Rita reza.

   De soledad la pobre está ya ahíta
y a su tristeza busca lenitivo;
llanto de viuda es lluvia de verano;

   para cesar tan sólo necesita
que reemplace al difunto cualquier vivo
y que la brinde con su blanca mano.