   Ya he llegado a la edad de la experiencia,
ya tengo el pecho de ilusión vacío,
las creencias apagadas; ya me río
del cándido soñar de la inocencia.

   Del mundo no me engaña la falencia,
siento en el pecho el corazón ya frío,
y empieza a devorarme ya el hastío
que da la realidad a la existencia.

   A mi edad ni se ríe ni se llora:
la indiferencia es el tranquilo puerto
donde está anclada la barquilla mía:

   pero si ser feliz no logro ahora,
si hoy a mis años ya no me divierto,
en cambio ayer, ayer me divertía.