   Cabe un hermoso y fresco bosquecillo
de gemidoras cañas resonantes,
de un riachuelo las aguas ondulantes
lucen su claro y transparente brillo.

   Da su olor a la brisa el romerillo,
y sus cantares dulces, penetrantes,
de una ceiba en las ramas odorantes,
exhala el inocente pajarillo.

   Allí a la orilla del ameno río,
bajo la sombra del Jagüey frondoso,
se alza humilde y fantástico un bohío;

   y bajo de su techo misterioso,
al son de su instrumento lastimero,
canta en la tarde el rústico guardiero.