   Cuando la tarde trémula y ligera
muestra su rico velo desceñido,
y en el agreste, perfumado nido
modula el ave su canción postrera;

   del lago silencioso en la ribera,
una virgen de rostro dolorido
triste reposa, y con gentil descuido
deja flotar su ondeante cabellera.

   Y el ruiseñor en melodioso arpegio,
y en nota querellante y lastimosa
la onda voluble de la mar bravía,

   alzan un himno primoroso, regio,
a la virgen de faz dulce y hermosa,
al ángel del misterio y la poesía.