   Imagen fiel del triste Prometeo,
amarrado a mi afán, hora tras hora,
el buitre de tu amor que me devora
sobre mi pecho desangrado veo.

   La sed inextinguible del deseo
me abrasa como a Tántalo y traidora
en tus labios la fuente seductora
que huye a mis ansias amorosas, creo.

   Y en medio de la horrible desventura
en que mi pecho enamorado gime,
con mirarte no más cambia mi suerte.

   Por eso en mi pasión, o en mi locura,
adoro la cadena que me oprime
y bendigo la sed que me da muerte.