   No eres la flor olímpica y serena,
que en sueños ruge la amplitud distante;
no hay el arranque escultural de Helena
en tu equilibrio de beldad triunfante;

   no eres, mujer, la mística azucena,
la blanca y pura Beatriz del Dante;
eres la artista rara, flor morena,
llena de aroma casto y penetrante.

   Y yo no sé que gracia, que aleteo
siento, dentro del alma, cuando veo
tu cuerpo áureo, magro, cristalino...

   Recuerda ninfas núbiles, serenas,
y me rodea un cerco de sirenas
talladas en su bronce florentino.