   Sé que has dicho de mí que soy un loco,
que quiero un imposible, pues te quiero,
sabiendo como sé que en vano espero
que me llegues a amar mucho ni poco;

   que soy un visionario que, aunque toco
la realidad de tu desdén sincero,
tenaz en mi delirio persevero,
y ardiente de mi amor mantengo el foco.

   Te engañas, Asunción: ni enajenado
ni visionario soy: mi empeño sigo,
mas no porque lo espere ver logrado.

   Hasta la muerte lucharé contigo,
porque en guerras de amor soy buen soldado:
yo no vuelvo la espalda al enemigo.