   Lo hallaron una tarde sobre los acantiles
en la costa bravía con el cráneo deshecho,
sin que odio ni envidia ni rencores hostiles,
sino sus propias manos perpetraran el hecho.

   Y era bueno. Tan sólo supo odiar a los viles
tiranos que a los hombres conculcan el Derecho...
A la fuerza de Hércules unía el valor de Aquiles,
y el corazón pujante no le cabía en el pecho.

   Rindiéronle en la ruta colmada de placeres,
como digno homenaje a sus actos viriles,
el respeto los hombres y el amor las mujeres;

   pero rompiendo súbito con el prejuicio hecho
apareció una tarde sobre los acantiles
de la costa bravía con el cráneo deshecho.