   Sobre el ala del céfiro subida,
cortejada de ninfas vagarosas
que orlan su frente de purpúreas rosas,
la Primavera muéstrase florida.

   Recobra el prado su beldad perdida;
deslízanse las ondas bulliciosas;
escúchanse las aves melodiosas,
y la natura ostenta nueva vida.

   Aquí al deleite un templo consagrado
entre flores bellísimas se mira:
allá el pastor, en pos de su ganado,

   el dulce nombre de su amor suspira;
y al eco del campestre caramillo
trisca con las zagalas cefirillo.