   ¡Veis del rápido Vístula en la orilla
mil pálidos cadáveres helados!
Ilustres héroes son, sacrificados
del bárbaro cosaco a la cuchilla.

   Ofuscada la Luna, apenas brilla
sobre aquellos valientes destrozados,
mientras se oyen los vientos irritados:
¡El polaco perece, y no se humilla!

   Lanza un gemido humanidad doliente,
la dulce y mustia faz nómada en llanto,
de inmensa pira a la espantosa llama.

   Y rebozando la divina frente,
horrorizada en el luctuoso manto,
¡Maldición a los déspotas!, exclama.