   ¡Qué escriba! ¿Y para qué? Si no consiste
en la gloria la dicha; si presente
llevo en el alma que la astucia miente,
que el odio acecha y que la envidia existe.

   Tú eres ejemplo vivo: tú sentiste
las hojas del laurel sobre la frente,
y vives para todo indiferente
y estás desengañado y estás triste.

   Yo soy en mis dominios soberano:
déjame con mis sueños; soy cobarde,
y dejo ociosa la robusta mano.

   Que espere el libro y que la pluma aguarde;
quizás para escribir fuera temprano,
¡para el amor, mañana será tarde!