   Ser feliz, ¡ser feliz! Nadie lo ha sido;
¿quién no llora sus penas en secreto?
Y ¿quién d e entre vosotros ha podido
sentirse venturoso por completo?

   Yo no busco la dicha; me someto
al yugo que al nacer he merecido,
y vivo al tedio y al dolor sujeto,
guardando los rencores del vencido.

   Y si la vista sobre el cielo clavo
ante el oscuro enigma, fuerte y bravo,
no busco la esperanza que consuela.

   Aunque el golpe del látigo me duela,
como no tengo condición de esclavo,
el sentir el azote me rebela.