   En un beato silencio el recinto vegeta.
Las vírgenes de cera duermen en su decoro
de terciopelo lívido y de esmalte incoloro;
y San Gabriel se hastía de soplar la trompeta...

   Sedienta, abre su boca de mármol la pileta.
Una vieja estornuda desde el altar del coro...
Y una legión de átomos sube un camino de oro
aéreo que una escala de Jacob interpreta.

   Inicia sus labores el ama reverente;
para saber si anda de buenas San Vicente,
con tímidos arrobos repica la alcancía...

   Acá y allá maniobra después con un plumero,
mientras, por una puerta que da a la sacristía,
irrumpe la gloriosa turba del gallinero.