   En tus pendientes, de ópalos malditos
y en tu collar de rojos sacrilegios,
fulgió un Walhalla de opulentos mitos
y una Bagdad de califatos regios...

   Ante los religiosos monolitos,
al mago influjo de tus sortilegios,
grabé a tus plantas, zócalos egregios,
la efigie de mis besos eruditos.

   Y fui tu dueño... entre devotas pomas,
sacrifiqué gacelas y palomas...
Después, en una gloria de fagotes,

   surgiste hacia los tálamos votivos
sobre una alfombra negra de cautivos,
bajo el silencio de los sacerdotes.