   Los dos sentimos ímpetus reflejos,
oyendo, junto al mar, los fugitivos
sueños de Gluck, y por los tiempos viejos
rodaron en su tez oros furtivos...

   La luna hipnotizaba nimbos vivos,
surgiendo entre abismáticos espejos.
Calló la orquesta y descendió a lo lejos
un enigma de puntos suspensivos...

   Luego: la inmensidad, el astro, el hondo
silencio, todo penetró hasta el fondo
de nuestro ser... Un inaudito halago

   de consubstanciación y aéreo giro
electrizónos, y hacia el éter vago
subimos en la gloria de un suspiro.