   Isaac, Mago en la siembra, gracias al recio puño,
intuye de la geórgica progenie, línea a línea:
ama a la remolacha, buena porque es sanguínea
al apio vil y al torpe alcornoque gascuño...

   Respetan por inocuo todos, su refunfuño:
el melón insinuante y la poma virgínea,
el perejil humilde y la uva apolínea
y el ajo, maldiciente canalla del terruño.

   En el gesto ermitaño de la barba, su risa
desciende como un óleo de consejo y de misa...
El puede, aunque reumático, sustentar una mole;

   San Isidro y las hadas miman su blanco lecho...
Y el sudor que adereza el buen pan de la prole
condecora diamantes de honradez en su pecho.