   Junto al blanco mantel, Inés me espera,
que de Jaén, donde resido, torno;
esta noche hay festejos en el horno
y dulces de arzobispo en la tartera.

   Mientras devoro, Inés la lisonjera
un cuento me demanda para adorno,
y me salta, del hambre en el bochorno,
mi Don Lope de Sosa en la mollera.

   Diréte, Inés... Atiende, que es gran cosa...
Iba diciendo... Escancia esa ambrosía...
¡Ya has de reír a costa del de Sosa!...

   Pues resultó, verás, que el tal tenía...
Yo me duermo, mi Inés grata y hermosa...
Quédese el cuento para el otro día.