   Roja flor en la negra cabellera,
ojos de fuego, labios tentadores,
pasa ondulante y requiriendo amores,
Carmen, la sevillana cigarrera.

   Canta y baila diabólica y artera,
y a Don José, del ansia en los ardores,
hace esquivar cornetas y tambores
y ultrajar el honor de su bandera.

   Desertor, criminal contrabandista,
no hay valladar que al ímpetu resista
de aquel amante de traiciones lleno.

   Surge Escamillo; acecha la navaja,
y a la sangrienta herida cae la maja
con otra roja flor sobre su seno.