   Envuelta en sangre y pavoroso estrago
combate Roma con feroz anhelo:
llena el mundo su nombre, sube al cielo,
y las naciones tiemblan a su amago.

   Su águila fiera por el aire vaga
hiende las nubes con ardiente vuelo,
y apenas mide en el distante suelo
las ruinas de Corinto y de Cartago.

   ¿Qué la valió? Carbón, Mario implacable,
y Sila vengador y César fuerte,
huellan del orbe, a la infeliz señora.

   Y otros... ¡Oh Roma grande y miserable
que ansiando lauros y poder de muerte,
no supo ser de sí reguladora!