   Cuando en el éter fúlgido y sereno
arden los astros por la noche umbría,
el pecho de feliz melancolía
y confuso pavor siéntese lleno.

   ¡Ay!, así girarán cuando en el seno
duerma yo inmóvil de la tumba fría!...
Entre el orgullo y la flaqueza mía
con ansia inútil suspirando peno.

   Pero ¿qué digo? -Irrevocablemente
también los astros a morir destina,
y verán por la edad su luz nublada.

   Mas superior al tiempo y a la muerte
mi alma, verá del mundo la ruina,
a la futura eternidad ligada.