   Si es dulce ver en el glorioso estío,
ceñida el alba de purpúreas flores,
y entre blancas arenas y verdores
con manso curso deslizarse el río;

   si es dulce al inocente pecho mío
atisbar de las aves los amores,
cuando tiernas modulan sus ardores
en la plácida paz del bosque umbrío;

   si es dulce ver cual cobran estos prados
fresco verdor en la estación florida,
y al cielo y mar profundo serenados,

   más dulce es verte, Flérida querida,
darme en tus negros ojos desmayados
muerte de amor más grata que la vida.