   Ea, quien tenga de valor un cacho,
dijo Napoleón, sígame al cerro
donde fuego nos hace tanto perro,
y del pendón inglés no quede hilacho.

   Yo a vuestra frente montaré en un macho
que pació solamente flor de berro;
y de esa hueste el enemigo hierro
quebrará cual juguete de muchacho.

   Dijo: pero el soldado se hace el sordo,
y aunque le ofrecen de oro un cucurucho
el miedo de morir habla más gordo.

   Cede el gran general a otro más ducho,
y mientras huye en su caballo tordo,
quema la guardia el último cartucho.