   En vano ansiosa tu amistad procura
adivinar el mal que me atormenta;
en vano, amigo, conmovida intenta
revelarlo mi voz a tu ternura.

   Puede explicarse el ansia, la locura,
con que el amor sus fuegos alimenta,
puede el dolor, la saña más violenta
exhalar por el labio la amargura.

   Más de decir mi malestar profundo
no halla mi voz, mi pensamiento medio,
y al indagar su origen me confundo:

   pero es un mal terrible, sin remedio,
que hace odiosa la vida, odioso el mundo,
que seca el corazón... ¡En fin es tedio!