   ¡Del huracán espíritu potente
rudo como la pena que me agita,
ven, con el tuyo mi furor excita,
ven con tu aliento a enardecer mi mente!

   ¡Qué zumbe el rayo y con fragor reviente:
mientas cual hoja seca o flor marchita,
tu fuerte soplo al roble precipita,
roto y deshecho el bramador torrente!

   Del alma que te invoca y acompaña,
envidiando tu fuerza destructora,
lanza a la par la confusión extraña.

   ¡Ven, y al dolor que insano te devora
haz suceder tu poderosa saña
y el llanto seca que cobarde llora!