   Mi alma atormentada pasó por la caverna
del mundo, ciega y sola, sin sol y sin mañana.
Sintió el búho fatídico y el llanto que consterna,
y el dolor de encontrarse de otras almas lejana.

   Sufrí de ensueño y de pensar mi angustia eterna
y de mi soledad y mi muerte temprana,
y llegué hasta el abismo en mi inútil linterna
desesperadamente buscando un alma hermana.

   Anduvo mi alma a tientas y se creyó perdida,
pero de pronto vio fenecer su dolor.
Fue mi precoz angustia para siempre abolida.

   Y era que al indagar en mi enigma interior,
comprendí que tenía un motivo en mi vida:
seguir el apacible sendero del amor.