   No habrá métrica, rima ni sistema
que al soneto le sirva de simiente,
si no acude la idea complaciente
que al presente requiere mi poema.

   Si renuevo mis ansias, insistente,
a la angustia le infundo fuerza extrema,
y acreciento el prolífico problema
de la crónica ausente recurrente.

   Por lo tanto, de nulo sentimiento,
me confieso y resigno cuanto tema,
por fatiga, desgano o descontento,

   al ingenio le imponga su anatema.
Mas reviendo lo escrito, no hay dilema:
sin idea al poema lo sustento.