   Que la ciencia me niegue su consuelo,
me preocupa, me inquieta y me consterna,
pues no aborda, esotérica y eterna
esa esencia supuesta que va al cielo.

   Que alce, vil la materia, su señuelo
a algún ánima pura y sempiterna,
no es motivo tangible que discierna
quien en pos de evidencia ponga el celo.

   Yo consciente del ave que, palpable,
vierte señas cabales de su vuelo;
y del hombre que habita, imperturbable,

   cuando muerto la cárcava del suelo;
me conformo con este desconsuelo
de no estar bajo tierra ni en el cielo.