   Los mares en tormenta o en bonanza
nos revelan, Señor, tu omnipotencia,
y los astros nos dicen tu alta ciencia,
y las aves nos cantan tu alabanza.

   La tempestad, Señor, es tu venganza,
tu mirada amorosa, la clemencia;
tu santuario del justo, la conciencia;
y tu dulce sonrisa, la esperanza.

   No puede el hombre concebir tu alteza,
y el azul pabellón del firmamento
un reflejo sólo es de tu grandeza.

   En todo está tu poderoso aliento,
y es un canto a tu amor Naturaleza,
y un canto a tu saber el Pensamiento.