   El rayo de tu esencia poderoso
todo mi ser penetra, y dulcemente
inunda los espacios de mi mente
y la eterna inquietud trueca en reposo.

   La fiebre del gozar, el insidioso
afán de gloria, la pasión ardiente
que turba los sentidos, la insolente
adoración del «yo», presuntuoso...

   Ilusiones no más, y al condenarlas
a perpetuo silencio, sólo ansío
que me otorgues virtud para olvidarlas.

   Y yo las guardaré, callado y frío,
como el alma inmortal debió guardarlas
antes de darle vida el cuerpo mío.