   Mírame sin temor, así, de frente;
irradie en tus adentros tu mirada,
que he de ser a tus ojos, mi adorada,
como un lago tranquilo y transparente.

   Mis pasiones, domadas rudamente,
mi pensamiento, mi ilusión dorada,
flora te brindarán, rica y variada,
del alma en lo profundo y de la mente.

   Que el resplandor de tu mirada alumbre
un remanso apacible: mi optimismo,
y un escollo fatal: mi pesadumbre.

   Y nada en mi interior, nada en mí mismo
haya que al escrutarme no vislumbre:
ni un bajo, ni un recodo, ni un abismo.