   Más que en la urbe engañadora, quiero
pasar en el regazo de esta villa,
una existencia sin doblez, sencilla,
igual en emoción de enero a enero.

   La dulce paz a la inquietud prefiero.
Cuanto en la capital resuena o brilla
no me seduce nunca o maravilla,
pues no me habla al corazón primero.

   Aquí tengo mi hogar; bajo su techo
la familia solícita se agremia.
Y me siento feliz y satisfecho,

   aunque la lucha cotidiana apremia,
cuando en torno de mí, de trecho en trecho,
puedo evocar mis días de bohemia.