   Ahora que tengo casa y me codeo
con la gente burguesa y millonaria,
¿por qué temblar como si fuera un reo,
al cruzar por la calle solitaria?...

   ¿Por qué sentirme solo, si allá veo
pasar una mujer y un pobre paria;
y aquí, sobre los bancos del paseo,
dormitar a la plebe estrafalaria?...

   ¡Es que ya no es mi reino el que antes era,
y soy como un extraño en este ambiente
que amé, de poesía y de quimera!

   Y algo como un susurro maldiciente,
escuchar me parece dondequiera
que resuena mi paso irreverente.