   Levántase a las diez lo más temprano,
y después de almorzar, bien chocolate
o bien jamón gallego con tomate,
se dirige a la iglesia muy ufano.

   Salúdale cortés el aldeano
que en el campo con brío el pico bate
y suda la gran gota el botarate
para pagar los diezmos en verano.

   En la iglesia (quizá alguien no me crea)
dice misa, esto es, un cuarto de hora
a lo sumo de mística tarea.

   Come y duerme, claro es que sin señora;
vive sano, y es cura de una aldea,
y tiene una señora encantadora.